Desde los medios chilenos, se destaca el “alto” porcentaje de participación del electorado con más de 15 millones de ciudadanos y ciudadanas. Hasta el momento y extraoficial el APRUEBO arrasa y se impone al RECHAZO.

El llamado al plebiscito fue la respuesta del Gobierno, en acuerdo con la mayoría de los partidos políticos, a las multitudinarias marchas del estallido social que comenzó el 18 de octubre de 2019.

En el país trasandino están decidiendo si desean una nueva Constitución que reemplace la heredada de la dictadura cívico militar de Augusto Pinochet (1973-1990), que mantuvo y adocenó las desigualdades sociales, así como los mecanismos para su redacción.

El llamado al plebiscito fue la respuesta del Gobierno, en acuerdo con la mayoría de los partidos políticos, a las multitudinarias marchas del estallido social, que comenzó el 18 de octubre de 2019, y que significó miles de heridos y una treintena de muertos en enfrentamientos entre manifestantes y Carabineros (Policía) y fuerzas militares, que pusieron en jaque al Ejecutivo de Sebastián Piñera.

En las protestas se multiplicaron los reclamos -cambios al sistema de pensiones, mayores posibilidades de acceso a la educación superior, mejoramiento de los salarios y reformas a la institución de Carabineros, entre otros- pero la principal exigencia terminó siendo que estas reformas se plasmen en una nueva Carta Magna, con menos privilegios para las clases dominantes.

Los ciudadanos que participen, porque el voto no es obligatorio en Chile, tendrán que pronunciarse a través de las opciones «Apruebo» o «Rechazo» que se sancione una nueva Constitución, así como los mecanismos para su redacción.

La opción en cuanto a los mecanismo son una Convención Mixta Constitucional, conformada en un 50% por constituyentes y 50% por miembros del Congreso, o una Convención Constitucional, conformada en su totalidad por constituyentes que se elijan ad hoc.