Se trata de la señora Susana Dávila de 67 años, quien en las últimas horas expresó en sus redes sociales una difícil situación familiar producto del cual expuso violencia sufrida y un desalojo. Por resguardos legales el apellido en cuestión ha sido eliminado.
Textual el mensaje: “Soy Susana Dávila, tengo 67 años y soy profesora de inglés en la ciudad de Río Gallegos.
Hoy quiero hacer pública la situación vergonzosa y dolorosa que estoy atravesando”
“Siento que no tengo apoyo de ningún lado: ni de la Justicia ni de la Policía.
Mi propia “familia”, mi hijo Federico y mi exmarido Ariel, no solo me dejaron en la calle sin posibilidad de sacar mis pertenencias, sino que además vendieron cosas que eran mías, aprovechándose de que no me dejaban ingresar.”
“El 22 de enero de este año, mi hijo —que tiene problemas de adicción— me sacó de la casa después de una golpiza.
Ese día estuve horas en la comisaría. Luego volví a buscar mis cosas, incluido mi celular, que él me había quitado y que usó para pedir dinero a mis contactos haciéndose pasar por mí”
“Desde entonces todo fue desesperación y peregrinación:
de comisaría en comisaría, yendo a la OVD, pagando Uber con plata prestada porque me fui con lo puesto”
“Cabe destacar que el señor Federico tiene una exclusión del hogar y una perimetral, y aun así sigue viviendo en la casa donde yo, Susana Dávila, tengo mi domicilio.
Y pese a esto, la Policía y la Justicia no actúan como deberían”
“Además, dejo aclarado que todo lo que el señor Federico publique en cualquier red social pertenece a cosas que me fueron robadas o quitadas indebidamente”
“Recién ayer me avisaron que podía ir a buscar mis cosas…
una hora antes del horario, sin organización, sin respeto, sin consideración”
“No solo fui maltratada por ellos, sino que también me sentí abandonada por las instituciones que deberían proteger a las víctimas.
Muchas veces parece que quienes sufrimos quedamos desamparados, mientras los agresores no reciben las consecuencias que corresponden”
“Escribo esto no para dar lástima, sino para que se sepa lo que está pasando.
Necesito justicia urgente y que mi voz se haga escuchar.
Porque nadie merece ser golpeado, expulsado de su casa y silenciado a los 67 años”