Todo un símbolo, el escudo de Río Gallegos situado en rotonda Samoré fue objeto como toda una ciudad de un tremendo abandono por parte de la gestión de Cambiemos, (de la cual hasta propios miran para otro lado).

El vecino Enrique Mansilla durante la gestión de Cambiemos en la Muni, debió pintar el escudo de la capital

Si, la de Giubetich, pero tranquilamente puede ser la de Cantín, o anteriores incluso.
El escudo años atrás, allá por 2016/17 era un fiel reflejo de cómo estaba la ciudad, destruida llena de cráteres en sus calles, espacios espacios públicos desatendidos, edificios municipales sin gas ni agua. Y ese triste estado ya era moneda corriente y todos se habían acostumbrado a verlo y a vivirlo. Ahí apareció el querido Enrique Mansilla que solito se puso, a la vista de los automovilistas y peatones, a pintar el escudo. Tremenda mandada al frente a la inacción de esa administración municipal; quedó expuesta mal.

Hoy, los municipales


Pero en esos años no habían bocinazos, ni esos medios u operadoras que hoy intervienen mediante sus redes alertando supuesta inacción o abandono del municipal; ahí no denunciaban o advertían lo que no hacía la gestión de los Giubetich (hoy con Claudio Vidal), de los Eduardo Costa, Zeidán… lo que nosotros veíamos.
Todo es parte de un pasado triste, porque la actualidad encuentra a Río Gallegos en una etapa trascendental que está marcando un ANTES y DESPUÉS para la CAPITAL.
De a poco y convencidos, hay cada vez más vecinos y vecinas que se animan con orgullo a reconocer la gestión de Pablo Grasso (Frente de Todos)  al frente del municipio a base de obras y servicios, a base del constante trabajo de todo trabajador y trabajadora municipal que hoy no es insultado porque tapa con tierra los baches, todo lo contrario.